JABÓN AL VINO TINTO, UN TRUCO DE BELLEZA FRUTO DEL APROVECHAMIENTO

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Abrimos un tinto porque nos apetece una copa de vino, tal vez los días siguientes nos tomaremos alguna copa más, pero es posible que nos quede la botella medio llena. ¿Qué hacemos? ¿Tirarlo? ¡Ni hablar!

El vino se mantiene en buen estado durante unos días, pero no podemos alargarlo mucho más. En el post de hace un par de meses os explicábamos cuánto dura una botella de vino abierta. En el caso del tinto con la botella bien tapada, en un lugar fresco y en posición horizontal, no nos durará en buenas condiciones más de una semana. Entonces nos preguntamos… ¿Qué podemos hacer con el vino que nos sobra?

Un vino tinto nos puede servir para cocinar sabrosos estofados, salsas para acompañar carne y múltiples recetas riquísimas. Lo podemos congelar en forma de cubitos de hielo para ir usándolo poco a poco cuando lo requieran nuestros platos. Pero además de ser un gran ingrediente gastronómico, el vino tinto puede ser un maravilloso ingrediente cosmético.

Aunque a muchos les pueda sonar extraño, con el vino sobrante podemos elaborar un jabón artesanal con propiedades antioxidantes. El vino es un gran ingrediente para la cosmética gracias a los polifenoles, unas moléculas que, tal como apuntan algunos expertos, poseen hasta 50 veces mayor acción antioxidante que la vitamina E y 30 veces más que la vitamina C. Estas mismas propiedades convierten al vino en una magnífica herramienta en la lucha contra el envejecimiento de la piel: difumina las arrugas existentes y proporciona elasticidad, juventud y firmeza a la piel.

¿Cómo se elabora?

Existen muchas recetas para elaborar jabón con vino tinto, pero os aconsejamos una de sencilla. Antes de empezar deberéis adquirir los ingredientes:

  • 120 gramos de aceite de coco ya fundido al baño María
  • 30 cm3 de aceite de castor
  • 90 cm3 de aceite de arroz integral
  • 175 cm3 de aceite de oliva
  • 60 gramos de manteca de cacao
  • 50 cm3 de vino tinto
  • 70 cm3 de agua
  • 60 gramos de hidróxido de sodio, también conocido como sosa cáustica

Consejo:   es muy importante la seguridad, así que no hagáis nada si no tenéis a mano unos guantes y unas gafas protectoras.

El día anterior a la preparación del jabón, colocáis el vino tinto dentro de un cazo y calentáis lentamente, removiendo, para llegar hasta el punto previo al hervor. Cocinad a esta temperatura suave durante 30 minutos, removiendo ocasionalmente, para poder evaporar el contenido de alcohol. Cuando esté listo ponedlo en una bandeja plana e introducidlo en el congelador durante toda la noche.

Al día siguiente, coged un recipiente alto resistente al calor y colocad dentro el vino tinto congelado y el agua y removedlo con una batidora. Cuando el agua y el vino estén integrados deberéis agregar muy lentamente (a cucharaditas) el hidróxido de sodio, y removedlo a conciencia hasta que se disuelva por completo antes de agregar la siguiente cucharadita. Puede que no notéis nada al principio, pero pronto la mezcla emitirá calor y se producirá la reacción. Tened cuidado en este punto porque si no agregáis este producto lentamente podríais provocar el efecto de volcán. Ya disuelto, dejad que enfríe nuevamente dejando el contenedor dentro de un baño de agua con hielo.

Cuando la mezcla de vino, agua e hidróxido de sodio esté fría, deberéis verter los aceites y la manteca en una olla de acero inoxidable, y darle calor suave hasta que todo se funda e integre. Retirad del calor y dejad entibiar hasta los 30 – 35°C, aproximadamente. En ese momento deberéis unir las dos mezclas. Agregad lentamente el compuesto de vino al compuesto oleoso, mientras batís con una licuadora de inmersión hasta obtener una crema opaca, brillante y uniforme (no os preocupéis por el aroma que producirá: desaparecerá en algunas horas).

Llegados a este punto solo os quedará verter la mezcla en moldes fáciles de desmoldar, y dejar reposar durante 24 horas. Una vez desmoldado es recomendable que coloquéis las pastillas de jabón entre dos capas de papel encerado, y dejéis curar este saludable jabón de vino tinto casero durante 5 o 6 semanas antes de usar, regalar o vender.