ESOS PEQUEÑOS PREJUICIOS ALREDEDOR DE LA RESTAURACIÓN Y EL VINO

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Si uno presta atención en un restaurante, es fácil detectar situaciones de esas asociadas, podríamos decir, a otros tiempos. Son pequeños prejuicios alrededor del servicio del vino que afectan, casi siempre, a las mujeres. Aunque, vaya por delante, que si la situación fuera al revés, y fuera el hombre el “afectado”, la exposición sería la misma. Pero la realidad es la que es.

Volviendo al restaurante. El primer momento incómodo se da a la hora de entregar la carta de vinos. Si eres mujer, seguro que lo has vivido más de una vez: lo habitual suele ser que, en una mesa en la que hay una pareja hombre y mujer, la carta se le entregue a él. ¿Por qué seguimos asociando que es el hombre el que entenderá de vinos y no la mujer? Seguramente es uno de esos llamados “micromachismos” que se producen sin una voluntad explícita pero que seguimos teniendo muy integrados.

Una vez pedido el vino, si uno ha pedido un vino tinto y el otro un vino blanco, rara es la vez en que no le dan el tinto a él y el blanco a ella. Y otra vez la misma pregunta: ¿por qué asociamos que las mujeres tienen más tendencia a beber vinos blancos (o rosados o espumosos) y que en cambio ellos los prefieren tintos? Y si por un casual uno pide vino y otro agua, ¿adivinan a quién le ponen qué?

Si, en cambio, lo que piden es una botella de vino para compartir, en el momento de servirlo, y pese a que esta situación si que se va revertiendo un poco, lo más habitual sigue siendo que, sin preguntar, se le sirva al hombre para que sea él quien lo pruebe y diga si es de su agrado. De nuevo, esos pequeños micromachismos a los que las mujeres se enfrentan en su día a día gastronómico.

Y ya para rematar llega el momento de la cuenta. En una cena hombre-mujer, ¿a quién creen que se la entregarán? Obvio, ¿verdad? Pese a que quedan muy lejos ya esos tiempos en los que las mujeres dependían económicamente del hombre, hemos seguido arrastrando esto como un cliché más, y seguro que son muchas las mujeres que están leyendo esto y que lo han experimentado en primera persona.

Son muchos los estudios de tendencias de consumo que demuestran que es la mujer quién tiene el poder de decisión de compra, también en el mundo del vino. Son ellas las que hacen la elección y, por tanto, las que escogen qué vinos se consumen en casa. ¿Por qué no iban a hacerlo también en el restaurante?